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El Torito

Era diciembre, vino mi hija con su pareja de visita a pasar navidad y año nuevo.  Como cada vez que viene alguien de visita, lo llevamos a conocer los lugares bonitos de Guadalajara, que además son muchos.  Tlaquepaque, Tonalá, Chapala, etc.  También hay muy buenos restaurantes que ameritan ser visitados, algunos de ellos están en Andares, uno de los centros comerciales mas bonitos y modernos de la ciudad.

Poco más de 5 años atrás impusieron infracciones serias por el uso y abuso del alcohol cuando manejas.

Si estás bebido, mareado borracho o inconsciente y te pillan al volante, estás hecho.  Una multasa gigante, el auto al corralón con cargo a tu tarjeta de crédito, y hay de ti que te demores en recuperarlo, el hospedaje es carísimo, más moras, multas y recargos.  Súmale también, -o mejor réstale- las piezas y partes que te roban en el corralón y por las que además no se responsabilizan. 

Si además le agregas la noche y la estadía -esa sí, sin costo – en la celda fría, por 24 o 48 horas dependiendo del grado alcohólico que traigas encima. Se te quitaran las ganas de beber y manejar.

Los operativos son a cualquier hora del día en cualquier parte, al principio se ponían solo en avenidas principales.   Si la calle era de ida y vuelta, se ponían solo de uno de los lados, si te aproximabas y veías el trafico y sospechabas del retén policial por alcoholímetro podías huir dando la vuelta en “U”, doblando en la calle anterior, o si de plano ya no tenias escapatoria, dejar que aflore tu lado mas creativo a fin de no ser castigado por andar de fiesta con Baco.

Muchas historias, -casi, mitos urbanos-, al respecto existen,  desde los  taxistas que se estacionaban pasando el retén y se regresaban caminando un par de cuadras antes para ofrecerse a cruzar tu coche manejándolo mientras tu ibas como copiloto, por un dinero,  hasta la historia que me contaron un día unos amigos que me hizo reír mucho, dicen que otro amigo de ellos fue a una reunión y que se bebió todo y más, sus amigos no querían dejarlo ir, pero se puso muy necio,  agarro sus llaves y se largó. Bien borracho al timón.

El tipo venia tratando de ver el camino y de subir el volumen de la radio para sentirse mejor -como la canción de Rubén Blades-, cosa que podía hacer desde el control del timón de su Mercedes Benz, pero como buen borracho no hizo.   De repente adelante se empiezan a juntar los autos y las luces rojas del Stop se prenden en la parte trasera de todos los coches, hasta que la fila se detiene.

¡Ya ves, eso era lo que te estaba diciendo antes que te dé la pataleta y te subas al auto borracho! -le dijo la parte consciente arrinconada en una esquinita de su cabeza hueca, mientras era mal vista por toda la otra parte, la entretenida, la que te obliga a hacer cosas indebidas.

-¡Reacciona!  ¡Inventa algo!  Rápido le dijo-.

Los autos adelante empezaron a avanzar y el suyo no se movía.

Los de atrás impacientes empiezan a tocar el claxon para que se mueva, cosa que no sucedió.

Las oficiales de policía de la brigada anti alcohol notaron que algo extraño sucedía allá atrás, un par de ellas empezó a caminar hacia el Mercedes detenido con las luces encendidas en la madrugada, en el medio de la calle.

Al llegar y ver los vidrios cerrados, la radio a todo volumen, y el asiento del piloto vacío les llamo mucho la atención, sacaron sus linternas, las encendieron y cada una caminando por un lado del vehículo empiezan a iluminar el interior del coche.

Nadie en los asientos de adelante, siguen avanzando hacia atrás y al iluminar encuentran en el asiento trasero un señor echado de lado sobre el asiento con los ojos cerrados.

Toc, Toc, Toc, -golpearon el vidrio-, el señor no se movía.

Piden refuerzos por la radio, llegan unos seis oficiales más, ya no solo de la brigada anti alcohol, también policías de tránsito, policías municipales y paramédicos.

Intentaron abrir las puertas, pero estaban con seguro.  Empezaron a golpear mas fuerte los vidrios, adentro la radio estaba a todo volumen, el señor no reaccionaba, los policías pensaron que estaba muerto.

¡Atrás voy a romper el vidrio! – dice un oficial de policía, – rompieron el vidrio, quitaron los seguros y abrieron las puertas, tocan al fulano para ver si estaba vivo, el tipo despacio se levanta y con un aliento a alcohol espantoso dice:

– ¡Hic! ¿Dónde estoy?, ¿qué pasó?.

-¿Cómo qué paso? le pregunta uno de los oficiales, ¿por qué está usted borracho tirado en el asiento de atrás de su automóvil?

– ¿Dónde está mi chofer?  ¡Hic!- Les pregunta el borracho a los policías.

– ¿Su chofer? ¿Cuál chofer? ¡Aquí no hay nadie más que usted! -le contesta el oficial.

– ¡No puede ser!, Déjeme contarle oficial ¡Hic!, fíjese usted que me di cuenta en la reunión donde estaba, que estaba muuuy borracho,  ¡Hic! así que le pedí a un amigo que, con la aplicación de su teléfono, pida un chofer, y me serví otra cuba. ¡Hic!, -disculpe usted oficial mi hipo-,  Llegó el chofer por mí a la reunión, le di la dirección de mi casa para que me lleve en mi auto porque yo no podía manejar,  me sentí mal, me pase al asiento de atrás y me eche a dormir mientras llegábamos a casa. 

Seguro que él canijo se había tomado un trago antes de llegar por mí, y al verlos, -para que no lo boten de su chamba-  se bajó y me dejo dormido acá atrás, ¡ni más los vuelvo a contratar!, esa aplicación es una porquería.

-Los policías se miraron entre ellos-, dudaron un poco, le pidieron disculpas al señor por romperle el vidrio, subieron el auto en una de las grúas de la policía para que no maneje y lo llevaron a su casa.

Uno de los días en que mi hija y su pareja estaban de visita fuimos con la familia a Tlaquepaque a pasear durante la mañana y nos dio la hora de almorzar.

-Vamos a Andares y ahí vemos que comemos-, dice una de mis hijas.   Uno de los restaurantes que menos gente y fila de espera tenia era uno de cortes argentinos.  Entramos a comer, me pedí un Gin Tonic, había promoción de dos por uno, pedimos cuatro, ósea dos promociones, una para mi señora y una para mí, los chicos no tomaron más que refrescos.  Nos tardamos en el restaurante un par de horas. Nos tomamos los aperitivos y nos cambiamos a tomar agua.

Terminamos de almorzar eran como las 5 de la tarde, les pregunté si querían seguir haciendo turismo o si preferían regresar a la casa, -a la casa- dijeron.

Estábamos en la camioneta de tres filas, yo manejaba, mi señora de copiloto; En la segunda fila mi hijo, y atrás mío mi hija mayor.  En la tercera fila los visitantes, mi otra hija y su pareja, un muchacho muy formal; Suizo.

Salimos del centro comercial, unas cuadras mas adelante veo que los coches se empiezan a detener, ¡el Torito! grito, -así les dicen a los retenes de alcohol en Guadalajara- estaba como media cuadra adelante.  Los Gines, pensé, aunque había pasado un par de horas desde que nos los habíamos tomado, me entro la duda de si saldrían en el test o no, me cambié de carril al de la derecha y a mi señora no se le ocurre mejor cosa que apretar el botón de las luces intermitentes de emergencia.

Di un salto como de langosta por encima de mi respaldar y me pasé para el asiento de la segunda fila.

– ¡Pásate adelante! le digo a mi hija, maneja tu. – estaba tratando de abrir la puerta para bajarse y sentarse en el asiento de adelante, le cerré la puerta, no la dejé. 

-Pásate por encima del asiento, apúrate que no nos vean los policías.

Era demasiado tarde, los policías al ver la camioneta detenida con las luces intermitentes que mi señora prendió empezaron a correr hacia nosotros, mientras, sucedía todo el movimiento de cuerpos dentro.

Llegaron segundos después de que mi hija se pasara al asiento del piloto, obviamente las policías se ganaron con todo el alboroto dentro del auto.

-se acercan por el lado del piloto, mi hija baja el vidrio.

– ¿Que está pasando?  ¡Ha estado bebiendo? Le preguntó la oficial.

Yo, sentado en el asiento de atrás,  bajo el vidrio,  y le digo: ella no oficial, yo me tome hace dos horas un Gin Tónic, acabamos de salir de un restaurante y mejor cambiamos de sitio. Ya no estoy manejando yo.

– ¿Y usted, no ha tomado? – le pregunto la oficial a mi hija, sople acá por favor, mi hija soplo y salió negativo.

– Por favor hágame a mi la prueba también – le pido a la oficial, la curiosidad me mataba.

– Sople acá, -me dice-, así lo hice.

– Pueden irse, los dos arrojan negativo.

No lo vuelvan a hacer nos dijo y nos dejó ir.

Habíamos pasado el reten y el Suizo con cara de incrédulo y medio asustado nos dice:   Si hubiéramos hecho esto en Suiza estaríamos todos presos.

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